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Las personas tenemos el sentido de la justicia muy interiorizado en base a la educación que hemos recibido en la niñez basada en el valor del castigo para corregir actos injustos. Tomás de Aquino define el acto de la justicia como dar a cada uno aquello que le corresponde. Sin embargo, a nivel emocional, tomar la justicia como un criterio aplicable a todos los ámbitos puede causar todavía más sufrimiento, sencillamente, porque aunque cueste aceptarlo, la vida, en muchos casos, no es justa sino más bien, todo lo contrario. Existen factores, como por ejemplo, una catástrofe natural, que son inexplicables para la razón humana.

Las desgracias personales

La vida no es justa, y a pesar de ello, existen personas fantásticas que tienen que hacer frente a situaciones que no se merecen: traiciones personales, despidos de trabajo, problemas económicos… Del mismo modo, la muerte y la enfermedad, realidades que asustan en sí mismas, también forman parte del destino humano.

Las cosas pasan, más allá de que sean justas o no lo sean, por ello, es tan importante vivir el presente: la coherencia no es la base de la existencia vital, al menos, en su carácter trascendente.

La vida no es justa

Qué hacer para que la vida sea más justa

En la vida, existen factores que dependen de ti, y otros que no. Por tanto, para que tu existencia sea más justa, intenta crear esperanza a tu alrededor. Por ejemplo, pon en práctica la solidaridad de ayudar a aquellos que más lo necesitan porque en la actualidad, existen necesidades urgentes en muchas familias. Por ello, es posible colaborar como voluntario con entidades como el Banco de Alimentos.

Además, en las relaciones personales intenta ser justo con los demás. Sé una persona amable y cariñosa con aquellos que te rodean pero también, contigo mismo.