Las consecuencias del tecnoestrés
Hemos escuchado hablar mucho del estrés en una sociedad competitiva al extremo. La realidad es que es una pena que muchos trabajadores sientan a nivel emocional que no pueden permitirse relajarse. Relajarse en el sentido de dar lo mejor de sí mismos desde la tranquilidad y la calma interior. Parece que la amenaza de un despido laboral o de no ser lo suficientemente bueno siempre está ahí, dentro de muchas personas. Sin embargo, merece la pena relativizar y cambiar este hábito por una cuestión importantísima: la salud.

La realidad es que las emociones influyen más de lo que piensas en tu propio bienestar. Es decir, la tristeza en exceso, la depresión, la angustia y por tanto, también el estrés, te alejan de los demás y no te hacen sentir bien contigo mismo. Pero en una sociedad tecnológica al extremo existe una nueva modalidad dentro de las variantes de esta emoción intensa: el tecnoestrés.

Hoy día, todavía existen trabajadores que trabajan en el campo, sin embargo, muchos puestos de empleo implican de forma directa estar en contacto con máquinas. El tecnoestrés puede vivirse de dos formas diferentes. En algunos casos, el sujeto implicado experimenta un rechazo radical hacia todo aquello que tenga que ver con las nuevas tecnologías. Por el contrario, también existe otra situación, la de aquellos que experimentan sensación de malestar si no atienden de forma adecuada el correo electrónico, el teléfono móvil y demás.

Una sensación que es muy propia de las vacaciones de verano ya que está comprobado que aunque muchas personas no acuden a la oficina durante el mes de julio o agosto, sin embargo, no descansan porque no han desconectado a nivel mental ni han disfrutado todo lo que deberían. Está claro que la tecnología tiene sus ventajas pero también, sus inconvenientes dependiendo del uso que cada persona haga de ella.