Las consecuencias más dolorosas de la soledad
La soledad es un problema muy real cuando estar solo no es un placer del que uno disfruta en ciertos momentos del día sino una norma habitual. La metáfora de la soledad se torna especialmente visible ante un teléfono que recibe muy pocas llamadas.

Pero la soledad al igual que el propio ser humano está marcada por las contradicciones propias de la vida ya que sentirse solo no depende del número de relaciones personales que una persona tenga sino de la calidad de los vínculos. Una persona que tiene muchas relaciones personales pero superficiales, tiene muchas posibilidades de experimentar un vacío interior.

La apatía y la pereza

La apatía es uno de los sentimientos más frecuentes que experimenta una perosna cuando se siente sola de un modo habitual, una apatía que es reflejo del desánimo interior. El exceso de rutina se convierte en una losa para quien siente un grado de insatisfacción notable con su situación presente.

La ansiedad

La soledad frecuente puede producir ansiedad. Por ejemplo, la persona puede temer que en algún momento pueda ocurrir un imprevisto ante el que necesite ayuda y no tenga a alguien próximo que pueda atenderle. La ansiedad que produce la soledad es consecuencia del desamparo que experimenta en su interior. La falta de amigos produce desprotección emocional.

Las consecuencias más dolorosas de la soledad

Baja autoestima

El amor nutre la autoestima de todo ser humano. Aquellas personas que reciben indiferencia social se sienten infravalarodas. Llegan incluso a preguntarse sobre qué han podido hacer mal para llegar a su situación.

La soledad es compleja cuando la persona se siente desbordada por esa situación y experimenta un bloqueo que le impide gestionar sus propios recursos para sobrellevar mejor la dificultad. Cuando nos quedamos sin recursos es como si estuviéramos sin defensas frente a un resfriado emocional. La soledad reduce el grado de resiliencia.