Las matemáticas aplicadas a las relaciones personales
Las relaciones personales tienen su propia lógica. Es verdad que no pueden reducirse a ecuaciones matemáticas y que no se pueden cuantificar los sentimientos en kilogramos, sin embargo, las matemáticas si tienen una función muy importante en el amor y en la amistad: el equilibrio que se produce en la balanza entre el dar y el recibir marca la buena tendencia de un vínculo afectivo.

Cuando una relación es una resta en tu vida

Cualquier relación gratificante es aquella que suma algo bueno a tu vida: alegría, ilusiones, esperanzas, compañía, momentos compartidos… Pero por supuesto, también existen relaciones que se convierten en una resta vital: te generan malestar, acumulas una decepción tras otra, tienes la sensación de estar tirando del carro constantemente…

Cuando una relación resta energía en tu vida, ese malestar te puede afectar también a otros niveles. Cuando tenemos una venda en los ojos y no vemos una realidad tal y como es, nos empeñamos en que una historia salga bien a pesar de que la realidad dice todo lo contrario, estamos perdiendo otras grandes oportunidades en nuestro camino porque en el mundo existen muchas personas.

Al igual que sucede en una ecuación matemática resuelta de una forma equivocada, las matemáticas aplicadas a las relaciones personales muestran que las apariencias también engañan.

Las matemáticas aplicadas a las relaciones personales

Dar con medida

Existen situaciones muy humanas. Por ejemplo, estar en una relación en la que por cada alegría que te llevas tienes que soportar la amargura de cinco decepciones. La balanza no está compensada. Por tanto, conviene apostar por una relación del tipo que sea hasta que ese dar no te hace daño a ti.

Las matemáticas de las relaciones personales también se muestran en el factor tiempo. La vida se compone de días, minutos y segundos. El verdadero amor y la verdadera amistad se da cuando alguien está contigo sin mirar el reloj porque el verdadero cariño es aquel que trasciede el espacio y el tiempo.

Un gesto puramente matemático es el de borrar el número de teléfono de tu agenda de contactos de una persona con la que ya no quieres tener ningún tipo de relación. O haber llegado a tu límite con alguien y tener un nivel de expectativas cero con esa persona que antes te encantaba. Las relaciones también requieren reajustes y tenemos que darnos el permiso de cambiar de opinión en los afectos.