Las molestias del síndrome postvacacional
Más allá de la tendencia a poner términos y nombre propio a distintas experiencias emocionales, lo cierto es que los síntomas del síndrome postvacacional son fáciles de relativizar y de comprender a través de la empatía. Romper el ritmo del descanso marcado por tiempos de pausa y tranquilidad para comenzar de nuevo la rutina profesional, las tareas cotidianas y demás compromisos supone un cambio de ritmo notable. Un cambio para el que es necesario un proceso de adaptación que se produce de una forma totalmente natural y paulatina.

Además, aunque cada año el síndrome postvacacional parece visitarnos de nuevo, la realidad es que estamos más que preparados para hacerle frente si tenemos en cuenta que una de las etapas de la vida en las que más se nota el cambio del verano al inicio de curso es en la infancia.

Vuelta a la realidad

Las molestias del síndrome postvacacional son leves. Lo que en ocasiones sucede es que el regreso al trabajo puede traer consigo una realidad que no se ajusta a los deseos personales. El regreso a la rutina de aquellos profesionales que tienen un trabajo vocacional es diferente a la experiencia de aquellos a quienes no les gusta su trabajo. El descanso físico y mental de las vacaciones de verano debería ser un estímulo para afrontar un nuevo comienzo con la posibilidad de hacer cambios.

Las molestias del síndrome postvacacional

Establecer nuevos objetivos

Conviene relativizar las molestías del síndrome postvacacional pensando en todos esos regalos que nos trae la rutina. Entre ellos, un mejor aprovechamiento del tiempo. Un fin de semana del año es mucho más esperado que un sábado de vacaciones porque el contraste de trabajo y descanso aporta una motivación añadida. En el inicio de un nuevo curso es un buen momento para establecer metas y objetivos alcanzables que sean un reto para salir de la zona de confort.

Una zona en la que generalmente nos sentimos muy cómodos durante las vacaciones pero que sería muy aburrida si fuese eterna.