Liberarse de los prejuicios
Normalmente consideramos los prejuicios como algo externo a nosotros, creado por la sociedad, y que, en cierto modo, si nos dejamos llevar por ellos, pueden determinar nuestra conducta. Este tipo de prejuicios suelen versar sobre personas de otras razas, países, culturas, etc., y nosotros podemos elegir vivir acorde con ellos o analizar la veracidad de los mismos y actuar según nuestra opinión.

Sin embargo, no todos los prejuicios son externos a nosotros y comunes a la sociedad. Sin saberlo, todos tenemos prejuicios que actúan a nivel inconsciente que se han a raíz de experiencias dolorosas o desagradables y que, sin darnos cuenta y si no los sometemos a análisis, guían nuestro comportamiento sin que nos demos cuenta.

Si, pongamos por caso, hemos tenido varias experiencias desagradables mientras conducíamos con otros conductores de coches rojos, podemos concluir que los conductores de vehículos de este color son problemáticos y actuaremos, de modo inconsciente, guiados por dicha creencia.

Estos prejuicios, sin embargo, no versan sólo sobre los demás, sino incluso sobre nosotros mismos, manteniéndonos en niveles de baja autoestima, situaciones que nos hacen daño, etc. Son prejuicios derivados de la visión que hemos recibido de los demás desde que somos niños y de nuestros fracasos, que nos llevan a pensar que no somos ágiles o no somos inteligentes, y toda nuestra vida se estructura en torno a dichas creencias.

Detectar un prejuicio de este tipo no siempre es fácil, pero cuando nos descubramos con algún pensamiento de este tipo, deberemos intentar ponerlo en cuestión y determinar si, objetivamente es así.

Si estamos acostumbrados a ver sólo nuestros errores y puntos débiles y nos resulta muy difícil decir algo positivo de nosotros mismos, deberemos analizar dichos pensamientos y generar otros alternativos que fortalezcan nuestra autoestima y nos ayuden a valorarnos.