Libérate de la necesidad de control
Aunque la mayoría del tiempo reneguemos de ella, a los seres humanos nos gusta la rutina. Nos gusta y nos tranquiliza saber lo que sucederá mañana, pasado, al otro, saber por qué caminos discurrirá nuestra vida, dejando sólo un poco de ella al azar. De este modo tenemos la seguridad de que podemos controlar lo que sucede y actuar en consecuencia.

Esto no es más que una ilusión.

Nuestra vida está sometida a una gran incertidumbre. No sólo no sabemos qué nos ocurrirá mañana, sino que tampoco podemos prever lo que nos sucederá en el minuto siguiente. Est idea es muy angustiosa, por lo que la olvidamos, y vivimos cómo si esa incertidumbre no existiera.

Sin embargo, existen personas que no pueden olvidarla, para las que esta incertidumbre resulta realmente angustiosa, y ponen en marcha una serie de mecanismos para controlar la realidad y, de ese modo, eliminar la incertidumbre. Quieren controlar todo lo que ocurre en sus vidas y en las de los demás, lo que ellos y los otros hacen, dicen e incluso piensan, estableciendo una suerte de estímulo-respuesta que les permita saber qué sucede en todo momento, estableciendo así la ilusión del control.

Sin embargo, hacer esto es como querer contener una presa que se rompe. Cuando hemos tapado un agujero, aparece otro por donde se escapa el agua, y cuando hemos contenido éste, aparece el siguiente.

La única forma de liberarnos de este miedo y esta angustia, es dejar de controlar, dejar que las cosas sucedan. No tenemos que ser capaces de controlarlo todo, sino vernos a nosotros mismos con la capacidad de afrontar todo lo que nos ocurra, lo bueno y lo malo. Una vez que nos sintamos capaces de ellos, dejaremos la vida fluir y lo haremos de un modo mucho menos angustioso y sin miedo.