Libérate de las etiquetas
Si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que tenemos una opinión formada de las personas con las que nos relacionamos. Ya sea en nuestra familia, en el trabajo o en nuestro círculo de amigos, los seres humanos tendemos a etiquetar a las personas, determinando con ello cómo son y como esperamos que se comporte. De e este modo tenemos claro que nuestro hermano es trabajador, nuestro compañero de trabajo es inteligente y nuestro mejor amigo es generoso.

Pero estas etiquetas también pueden ser negativas, como cuando pensamos que nuestro primo es poco inteligente, el compañero del otro lado de la mesa es un trepa u otro de nuestros amigos sólo quiere divertirse y no se toma nada en serio.

Habitualmente nos etiquetan casi desde que nacemos. El problema es que esas etiquetas son mucho más poderosas de lo que pensamos, porque nos mantienen dentro de un papel que cumplimos de forma inconsciente, sin ni siquiera darnos la posibilidad de salirnos de él.

Y es más, si algún día decidimos cambiar y dejar de responder a lo que los demás esperan de nosotros, los demás no nos pondrán fácil este cambio de un hermano, nuestra pareja, un amigo o un compañero no es fácil, porque nos obliga a replantearnos quién es esa persona y el concepto que tenemos de ella, y por ello, también de forma inconsciente, la empujamos a que continúe en ese papel que le hemos asignado, para no tener que readaptarnos.

Esto no significa que el cambio no sea posible, pero sí que no será sencillo que los demás lo acepten y seguramente nos encontraremos con su resistencia. De cualquier modo, debemos intentar mejorar y, una vez los demás hayan asumido nuestro cambio, nuestra relación con ellos volverá a ser como era antes de cambiar, e incluso más enriquecedora para ambas partes.