Librarse de la pasividad
Existen actividades y tareas que aplazamos una y otra vez. Ya sea ordenar los armarios, devolver la llamada a ese amigo que ya nos ha dejado varios mensajes en el contestador o cualquier otro tipo. Como por arte de magia, siempre que nos decidimos a llevarla a cabo, aparece otra cosa más urgente que requiere nuestra atención y olvidamos nuestra tarea pendiente.

Todos aplazamos el hacer cosas que no nos gustan o que debemos hacer por obligación. El problema es cuando esto se convierte en algo normal en nuestra vida, y vamos postergando una y otra vez todo aquello que tenemos que hacer. Esta actitud es muy normal en las personas deprimidas, que no encuentran ninguna motivación para hacer ninguna actividad.

El problema es que, a la larga, esta actitud puede tener un alto coste para nosotros. Ese amigo al que nunca llamamos dejará de hacerlo. Si seguimos retrasando las fechas de entrega en el trabajo seguramente acabarán por despedirnos e incluso es posible que nuestra relación de pareja se resienta porque prometamos una y otra vez cosas que finalmente no realizamos, lo que puede originar muchos conflictos e incluso terminar con la separación de la pareja.

Por ello es muy importante liberarse de esa pasividad. Comenzaremos realizando tareas pequeñas, que no nos supongan mucho esfuerzo, como sacar la basura o comprarnos algo de ropa. Una vez que hayamos elegido la tarea, elegiremos cuando cumplirla (esta tarde, mañana, etc.) pero nunca más allá de pasado mañana, porque estaríamos dando coartada a nuestra pasividad.

No hagas caso de todas las razones que se te ocurren para no hacerlas. Seguramente muchas de ellas están basadas en pensamientos negativos sobre tu valía, tu capacidad y sobre ti mismo. La mejor forma de desmontar estos pensamientos es proyectando algo y haciéndolo, para volver a sentir que eres capaz de cumplir lo que te propones.