Todo lo que aprendemos en la infelicidad
La felicidad es el gran deseo del ser humano, sin embargo, la infelicidad también nos aporta grandes lecciones de aprendizaje. En primer lugar, nos recuerda que la alegría no dura eternamente sino que debemos aprovechar el instante, saborear el ahora y vivir con el corazón esas oportunidades de desarrollo personal.

Pero además, la infelicidad también nos enseña que la vida continúa a pesar del dolor y que la realidad no se mide en términos de blanco o negro sino en matices. Es decir, en las situaciones de infidelidad también vivimos situaciones concretas de alegría y esperanza.

Lecciones de la infelicidad

La infelicidad nos enseña que podemos ser fuertes pero también, que incluso cuando somos débiles estamos potenciando aquello que nos hace humanos. A veces, es en el llanto donde encontramos nuestra verdadera fortaleza para salir adelante. Encontramos un consuelo necesario, un desahogo para ir liberando ese nudo en el estómago.

En la infelicidad también aprendemos que, en ciertas ocasiones, las circunstancias de la vida pesan mucho. No nos determinan pero sí influyen en nuestro estado de ánimo o incluso, en nuestra posición existencial de un modo notable. Así ocurre, por ejemplo, después del fallecimiento de un ser querido. Es inevitable amanecer al día siguiente con una sensación de vacío en alma, especialmente, cuando se trata de la muerte de los padres.

En etapas de infelicidad somos más sensibles a situaciones como el dolor ajeno, la belleza de un paisaje bonito o una canción que tiene un mensaje con el que nos sentimos identificados. Nos emocionamos con más frecuencia y buscamos con más insistencia el sentido de la vida en el significado que damos a situaciones cotidianas.

Todo lo que aprendemos en la infelicidad
La infelicidad nos enseña que en la vida, las ilusiones se actualizan. Mueren unos anhelos pero renacen otros. Sin embargo, debemos superar procesos de duelo. En situaciones de dolor recordamos que lo que de verdad importa es el amor. Y podemos recibirlo incluso en los detalles más sencillos: una palabra amable, un gesto de cariño o cualquier detalle que los demás tienen con nosotros.

La tristeza nos lleva a la introspección de vivir más centrados en nuestro mundo interno. Por el contrario, la euforia de la alegría nos lleva a la exterioridad de expresar a nivel externo aquello que llevamos dentro.

Todo lo que aprendemos en la infelicidad

Consejos para superar la infelicidad

Tú eres más que tus circunstancias, no te encasilles en ellas. En esto reside precisamente la resiliencia. En ir más allá de las circunstancias presentes para crear otras nuevas. Generalmente, en la infelicidad también tomamos conciencia de que aunque la mayor parte del esfuerzo para salir adelante depende de nosotros mismos, también necesitamos de los demás. La familia y la amistad cobran un mayor protagonismo en situaciones de este tipo. Las personas que nos quieren abrazan nuestra autoestima con su sola presencia. Es decir, nos hacen sentir mejor con el simple hecho de saber que están.

La infelicidad nos hace ser más humildes. Pero en algunos casos, también puede producir ira y resentimiento. Así lo muestra el hecho de que podemos descargar nuestras frustraciones con los demás. Cuando eso ocurre, es recomendable pedir ayuda profesional.