Mañana será otro día y será mejor
En cierto modo, vivimos en una época en la que la obsesión por el pensamiento positivo y la autoayuda puede llevar a algunas personas a sentirse frustradas simplemente, por sentir tristeza. ¿Quiere decir esto que se trata de un tipo de psicología perjudicial? No, todo lo contrario. Es excelente tener afán de superación y también, es más que necesario evitar la negatividad para vivir con esperanza. Sin embargo, a veces se pierde de vista que el ser humano, no es una máquina, es decir, toda persona tiene días buenos, malos y regulares. Pero también, es importante precisar que es totalmente natural sentir dolor y sufrimiento ante la enfermdad, la muerte de un ser querido, un problema laboral, un accidente de tráfico, una mala noticia, un sueño roto…

El sufrimiento forma parte de la vida y como tal, se vive con dolor. Por ello, desde mi formación en el ámbito emocional como Doctora en Filosofía, creo que es más que importante aprender a vivir la alegría pero también la tristeza. Lo que siempre debes evitar es estancarte en la tragedia, creer que no hay vida más allá de eso que ahora te afecta, sentir que todo lo que te rodea no sirve para nada.

La realidad es que generalmente, después de un día de horror, siempre llega uno mejor. Sencillamente, porque está claro que cuando tocamos fondo y nos hundimos en un pozo sólo podemos quedarnos allí o salir a flote, es decir, es muy difícil descender todavía más en esa oscuridad de la desesperación.

Tomás de Aquino da consejos muy sencillos a la hora de superar la tristeza. Consejos que implican cuidarte a ti mismo apostando por una buena alimentación, durmiendo más, descansando, disfrutando de un baño relajante… La realidad es que a veces, algo tan humano y tan agradable como dormir es la mejor receta para despertar al día siguiente con una mirada más serena y una sensación más gratificante.