Mantener la calma en momentos de tensión
No siempre sabemos reaccionar bien en momentos de tensión, ya sea en el trabajo, con nuestra pareja o nuestra familia. Muy al contrario, es habitual que perdamos los nervios, dejando que la ira nos desborde, gritando o discutiendo, o incluso tomando decisiones precipitadas, lo cual nos lleva a decir o hacer cosas que, habitualmente, lamentamos una vez hemos recuperado la calma. Por otro lado, si este comportamiento se repite habitualmente, puede llegar a dañar nuestra carrera profesional y nuestra vida personal.

Lo primero que debemos hacer es identificar qué es lo que nos genera esa tensión que se va acumulando dentro de nosotros. Es importante, también aprender a notar los signos de tensión. Muchas veces no nos damos cuenta de que estamos a punto de explotar hasta que lo hacemos y es importante reflexionar y determinar qué es lo que sentimos. De este modo, tendremos un modo de estar avisados de que estamos llegando al límite de nuestra paciencia.

Cuando notemos que estos síntomas aparecen, debemos rebajar inmediatamente el nivel de estrés. Respirar profundamente en estos casos nos puede ayudar y, si es necesario, salir a dar un paseo. También es aconsejable mirar las cosas con perspectiva y ver si realmente el hecho en sí es tan importante como para que perdamos la calma por él.

Si lo que nos molesta es un comortamiento de nuestra pareja, un amigo o un compañero, deberemos hablarlo con él o ella. Es importante en estos casos expresar exactamente la petición que queremos hacer, sin enredarnos en otros temas o terminar lanzándole una lista de agravios interminable. Explicarle qué queremos que cambia y el sentimiento que ello crea en nosotros, con voluntad de diálogo y en tono asertivo, sin resultar agresivo ni suplicante, nos ayudará a solucionarlo.