Mediación familiar en casos de divorcio
En ocasiones las parejas que se divorcian son capaces de llegar a acuerdos sobre los hijos, los bienes en común y cómo se desarrollará su vida como pareja divorciada sin demasiadas discusiones ni conflictos, consiguiendo que la situación se desarrolle del mejor modo posible para todos los miembros de la familia. Otras veces, sin embargo, las parejas no son capaces de realizar un divorcio amistoso y se enredan en situaciones que tienen un alto coste emocional para todos los miembros de la familia. Es en estos casos cuando las parejas pueden acudir a un mediador familiar que les ayude a resolver la crisis producida por el divorcio sin que la situación destruya a cada uno de los miembros implicados en el mismo.

En la mediación no es el mediador quien resuelve los conflictos, sino quien ayuda a la pareja a llegar a acuerdos satisfactorios para ambas partes. La mayor parte del trabajo del mediador familiar está dirigida a ayudar a cada miembro a identificar los temas en los que no hay acuerdo, a buscar soluciones conjuntas evitando que la pareja se pierda en discusiones interminables y ayudando a encontrar una alternativa de acuerdo cuando la pareja no logra llegar a ninguno.

El mediador va a ayudar también a la pareja a comunicarse, ya que muchas veces, cuando una pareja llega al divorcio han perdido toda capacidad de comunicación positiva y se limitan a la comunicación negativa. En estas circunstancias es imprescindible reestablecer los puentes de comunicación y de ese modo ayudar a las parejas a llegar a un acuerdo, aunque sea de mínimos.

La mediación siempre es voluntaria, ya que son las parejas quienes deciden que no pueden resolver el conflicto por sí mismas y para resolverlo acuden al mediador.