Medita tus impulsos
La sabiduría de vivir te enseña que a veces, tienes que dar tiempo al tiempo y tener paciencia para obtener los frutos que deseas. Este hecho se muestra en el propio amor y en el proceso de enamoramiento. Más allá de que dos personas estén empezando a sentir algo, puede que el ritmo de la una sea diferente al de la otra. Si en este caso, el que va más deprisa se diese por vencido a la primera por puro impulso, entonces, perdería la oportunidad que estaba buscando sólo por no meditar un impulso momentáneo.

Seguro que en tu vida has descubierto en más de una ocasión que la lucha razón y corazón es más difícil de concicliar de lo que parece a simple vista. Nuestro corazón no sólo nos habla en temas personales de amor y amistad sino que también actuamos por corazonadas dentro del contexto profesional. La vocación inicial de estudiar determinada carrera y no otra muestra una vocación que a veces, se confirma y en otras no. De hecho, existen estudiantes que cambian de carrera en el segundo año.

Generalmente, las personas impacientes tienden más a dejarse llevar por sus impulsos. No saben esperar. Más allá de los años, todos llevamos un niño dentro de nosotros mismos, y a veces, ese niño mimado que lo quiere todo pronto y rápido sale a la luz en el momento más inesperado. La vida vivida desde el puro impulso sería un caos. Aquellas personas que viven en función del apetecer no consiguen ningún fruto a largo plazo.

Por el contrario, la constancia es aquella virtud que te invita a perseverar incluso cuando algo te cuesta un esfuerzo o no estás totalmente convencido de que merezca la pena. Se aprende a controlar los impulsos a base de educar la voluntad. Por tanto, se trata de un hábito que se fortalece con la día a día incluso en los detalles más pequeños. Meditar los impulsos no significa que no haya momentos en los que debas dejarte llevar por tu intuición y claro está también por tu corazón.