Mentiras que nos contamos a nosotros mismos
Las mentiras no solo se pueden producir en el contexto de las relaciones interpersonales. Sin duda, tú también puedes ser víctima de la falta de sinceridad contigo mismo. ¿Qué mentiras no te ayudan a vivir mejor?

Todavía tengo tiempo

Existen personas que tienen sus sueños aparcados en una lista de espera cuyo turno parece no llegar nunca. La sensación de que siempre habrá un mañana no es gratificante cuando ese mañana se convierte en una excusa para no actuar hoy. El tiempo pasa rápido y existen personas que llegan a los setenta años con el sentimiento trágico de no haber vivido la vida que de verdad querían.

No es mi culpa

La palabra culpa no es muy saludable cuando se vuelve tóxica. Sin embargo, también conviene hacer autocrítica para no vivir con la eterna sensación de que es el otro quien se equivoca. Tú también puedes herirte cuando no asumes tu responsabilidad sobre tu vida y siempre culpas a los otros de tus fracasos.

Es muy sano aprender a decir: “Me he equivocado”. Solo así es posible volver a avanzar. Las mentiras enmascaran una realidad equivocada.

Mentiras que nos contamos a nosotros mismos

Las falsas ilusiones del amor

Una forma de mentira se muestra en las falsas ilusiones del amor. Esas que dibujan el esquema de una relación del tipo: “Parece que sí pero no”. Al final, por mucho que tú te empeñes en algo que no es, la realidad, siempre te muestra las cosas como son. Y es mejor asumirlo cuanto antes.

Cuando un amigo te miente te sientes traicionado y engañado. Pues bien, piensa que cuando tú te mientes a ti mismo también estás actuando en contra de tu valor interno y de tu esencia. Vivir en un mundo de mentiras supone retroceder hasta el mundo de las sombras reflejado en la Caverna de Platón.