Miedo a pedir ayuda
No siempre sabemos pedir ayuda cuando la necesitamos. Unas veces porque creemos que eso va a significar que somos cobardes o que no valemos si necesitamos que alguien nos ayude a superar un determinado momento, y otras porque partimos de la creencia disfuncional de que, cuando pidamos ayuda, el otro nos va la va a negar, y de ese modo nos evitamos de antemano pasar un mal momento.

Otro error que cometemos es el de esperar que el otro sepa que necesitamos ayuda. Pensamos que, si nos conociera bien, sabría que necesitamos su ayuda sin que nosotros le digamos nada, y cuando no es así, solemos caer en el error de pensar que el otro es un egoísta o que sólo está en sus cosas, sin tener en cuenta que nadie puede adivinar lo que realmente necesitamos, y por ello es esencial la comunicación.

Sin embargo, cuando finalmente nos decidimos a pedir ayuda, ayudaremos al otro a sentirse útil, a permitirle hacer algo por nosotros.

Puede que necesitemos un consejo, o que sea uno de esos momentos en los que nada nos reconfortaría más que un abrazo, o simplemente necesitemos desahogarnos y contar al otro lo que nos está sucediendo, para así aligerar un peso del que no podemos librarnos y ayudarnos a aclarar nuestras ideas.

En la mayoría de las ocasiones, el miedo es una creación de nuestra mente debido a experiencias pasadas, principalmente en la niñez. Pero debemos dejar de dar credibilidad a dichas experiencias y comprender que, aunque alguna vez nos hayan negado la ayuda que necesitamos, eso no significa que siempre nos vaya a ocurrir lo mismo. El miedo a pedir ayuda, como todos los miedos, está en nuestra cabeza, y la única forma de hacerlo desaparecer y evitarnos así mucho sufrimiento es enfrentarnos a él.