Miedo al ridículo: ventajas e inconvenientes
Casi siempre que se habla de miedo al ridículo, se asocia este concepto, únicamente, con inconvenientes. Por ejemplo, se estima que aquel que sufre este sentimiento de vergüenza, reduce en parte su libertad, pierde naturalidad, deja de lado muchas cosas, simplemente, por miedo. Y es cierto, es decir, no tiene sentido vivir con la esclavitud de temer hacer el ridículo constantemente.

Para reducir este miedo puede serte de gran ayuda, participar en un curso de risoterapia o de teatro. Pero en general, tienes que obligarte a ti mismo a salir de la rutina, hacer cosas nuevas, conocer gente diferente, en definitiva: arriesgar en letras mayúsculas para decir adiós a todo aquello que resulta monótono y que te hace sentir cómodo y seguro.

¿Qué ventajas tiene el miedo al ridículo? Sin duda, vivido en su justa medida, también te hace ser más prudente, es decir, te ayuda a saber estar en los sitios, te permite encontrar tu lugar y comportarte de la forma adecuada. Por otra parte, este temor también te ayuda a protegerte en muchos momentos. En general, la sensación de ridículo surge de la lectura que realiza el sujeto de determinados hechos.

Por ejemplo, existen personas que asocian un momento de rechazo amoroso con el ridículo, cuando en realidad, no tiene nada que ver una situación con otra. Sin embargo, en la sociedad del éxito, parece que se vive como algo vergonzoso, un momento de debilidad o de frustración. En realidad, nunca se hace el ridículo por expresar sentimientos que son buenos. Al revés, es un gesto de valientes.

Por otro lado, podrían tener más miedo al ridículo aquellas personas que son tímidas. Sin embargo, las barreras están allí, para afrontarlas.