Nada es como uno espera
En la vida, poco o nada es como uno espera. Por mucho que hayas imaginado una situación mil veces en tu mente, la realidad es que al vivirla en primera persona, descubres nuevos matices diferentes. Y por supuesto, nada es igual que la copia de ese momento que estaba en tu mente en forma de ensoñación. Aprender a tolerar la frustración de que las personas no reaccionan como nosotros reaccionaríamos en las mismas circunstancias es una de las lecciones más difíciles de aprender a lo largo de la vida.

Pero a veces, perdemos de vista que cada uno es diferente, tiene su mapa de valores, sus ideales y sus propios objetivos. De este modo, el dolor de no estar preparado para que alguien importante para ti no actúe como tú querrías se puede mitigar si aprendes a pensar no sólo en tus necesidades sino también en las del otro. Por ejemplo, tal vez te gustaría que al llegar a casa tu marido estuviera más tiempo contigo, sin embargo, tal vez, pierdes de vista que al día siguiente tiene que presentar un informe muy importante a la empresa. Es decir, él tiene otras necesidades diferentes y tiene derecho de escucharlas.

Además, la realidad es que en una sociedad del relativismo ético donde parece que todo está permitido, es decir, que cada persona mide el criterio de lo justo y lo injusto en base a su yo, todavía es más fácil que puedan herir tus sentimientos. Especialmente, si eres una persona sensible que para nada se siente identificada con el individualismo social de esta época.

Lo importante es que encuentres algún ambiente y algún espacio en el que te sientas bien de verdad. Por otra parte, también es necesario que aprendas a fomentar tu autonomía y tu independencia para necesitar menos de los demás y disfrutar más de ti mismo.