No entregues tu poder a los demás
A menudo nos sentimos que no valemos tanto como los demás, que los demás tienen más derecho al éxito o a la felicidad que nosotros porque no tenemos sus virtudes, cualidades, inteligencia, don de gentes y otras tantas cualidades que les atribuimos y que nos negamos a nosotros mismos.

Este sentimiento de poca valía hace que nos pasemos el tiempo intentando contentar a todo el mundo, intentando obtener siempre una valoración positiva por parte de los demás. Nunca nos preguntamos cómo nos sentimos nosotros con respecto a cómo estamos actuando, sino esperamos siempre el juicio de los demás para saber cómo lo estamos haciendo. Con esta actitud, sin darnos cuenta, estamos otorgando a los demás el poder y el derecho de que nos juzguen y decidan ellos si valemos o no.

No importa si estamos contentos con cómo hemos desempeñado un trabajo, cómo hemos enfrentado una situación o cómo hemos superado un miedo. No hacemos caso de que nuestra voz interior nos diga que lo hemos bien o que podemos mejorarlo. Sólo prestamos atención al juicio de los demás y, si es positivo, nos sentimos válidos y, si es negativo, nos hundimos y nos reforzamos en nuestra creencia de que no valemos para nada.

Esta conducta, a la larga, nos hará sentirnos más y más devaluados. Por ello, es importante que seamos nosotros mismos quienes reconozcamos nuestra propia valía, que seamos nuestros propios jueces, justos y no demasiado rigurosos. No se trata de que nos demos continuamente palmaditas en la espalda, hayamos actuado bien o no, sino de que nos conozcamos, conozcamos nuestros límites, nuestros puntos débiles y nuestras cualidades y encontremos el equilibrio entre ellas, teniendo una imagen real de cómo somos, que no esté mediatizada por nuestro pasado ni por la visión de los otros.