No hacer nada también es importante
Nuestro estilo de vida actual nos impone un ritmo de vida frenético, en el que siempre tenemos que estar haciendo algo, siendo productivos, para ser eficaces y darle a nuestra vida un sentido. Por ello, cuando queremos desconectar unos minutos y dedicarnos simplemente a no hacer nada, nos sentimos culpables y nos parece que estamos haciendo algo incorrecto, casi transgrediendo una norma no escrita.

Sin embargo, como seres humanos, de vez en cuando necesitamos no hacer nada, detener durante un rato toda actividad para permitir que nuestro cerebro descanse y podamos volver a nuestras tareas con energía renovada.

Pero este tiempo no sirve sólo para recargarnos y así poder seguir adelante. Algunos psicólogos indican que es una necesidad básica para el ser humano, como pueden serlo alimentarse, tener relaciones sexuales o protegerse de los peligro. Necesitamos ese tiempo para desarrollar nuestra creatividad y nuestra independencia, para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra vida y para evitar caer en el estrés y la ansiedad.

Mientras que para algunas personas la idea de desconectar de todo unos minutos les parece el paraíso, para otras el solo pensamiento les pone nerviosos y a los pocos minutos están buscando alguna actividad para llenar el tiempo de “no hacer nada”. Esto ocurre cuando, acostumbrados a someternos a todos los estímulos externos, nos hemos desconectado tanto de nosotros mismos que ya no sabemos estar un rato a solas, sin que nadie nos diga lo que tenemos que hacer, pensar o cuál es el siguiente paso que vamos a dar.

Por ello, no hacer nada significa hacer mucho, tanto como reencontrarnos con nosotros mismos, reconocer nuestras emociones, buscar los aspectos positivos de nuestra vida, reconectar con nuestros deseos y sueños y conectar de nuevo con el propio cuerpo. Dedicar unos pocos minutos al día a no hacer nada puede suponer grandes cambios positivos en tu vida.