No idealices la vida de los demás
La vida es de las pocas cosas que no se puede comparar en términos de igualdad, sencillamente, porque es una entidad abstracta y también, porque el ser humano no tiene nada que ver con un objeto material cuyo valor está basado en la utilidad. Pues bien, la vida tiene etapas de todo tipo, es decir, la realidad es que en una situación de dificultad es normal que te cueste mucho más poder observar el lado bueno de todo aquello que te está pasando. Y además, también es normal que sientas cierta sensación de envidia al observar la vida de aquellos que aparentemente, lo tienen todo y son felices.

Matizo lo de aparentemente, precisamente por eso. Juzgar desde fuera tal vez sería relativamente sencillo, sin embargo, ten en cuenta que nadie tiene acceso al cien por cien a la conciencia ajena. Allí donde se esconden los deseos no realizados, los sueños incompletos, los sentimientos de fracaso o la vanidad más absurda. Además, ten en cuenta que existen personas que por su propio carácter siempre quieren mostrar perfección ante los demás, una perfección que a veces, resulta agotadora, artificial, y sencillamente, irreal.

Cada vida tiene su lado bueno y su lado más amargo. Pero está claro que cuando idealizas la vida de un amigo tuyo, por ejemplo, te olvidas de esos puntos débiles y te centras únicamente en lo bonito. Pero de este modo, restas valor a tu historia, a tu destino y crees que no eres lo suficientemente bueno para ser feliz con aquello que tienes y que la vida te ha dado.

Las comparaciones siempre son odiosas y mucho más cuando hablamos de personas con nombre y apellidos. En caso de que admires a alguien en concreto (algo que sin duda, es muy positivo) aprende a seguir sus paso, toma su fuerza y su motivación como guía.