No olvides premiarte a ti mismo
A lo largo de la vida vamos diseñando una serie de objetivos que queremos alcanzar en todos los órdenes de nuestra vida, ya sea en el aspecto personal, en el profesional o en el emocional.
Algunos de estos objetivos son fáciles de conseguir, y al poco tiempo de haberlos planificado los logramos. Otros son más complicados o tenemos que prepararnos más a fondo para conseguirlos o esperar el momento oportuno para que se den las condiciones para lograrlos, y todos estos obstáculos nos pueden llevar, con el tiempo, a perder la motivación inicial que nos llevó a diseñar dichos objetivos y querer alcanzarlos.

Para evitar esto, es importante no olvidarnos de premiarnos a nosotros mismos, especialmente cuando se nos haga más cuesta arriba confiar en nosotros mismos y en nuestra capacidad de lograrlos.

Normalmente, cuando pensamos en premios nos viene a la mente algo materia, como un DVD, un CD de música, un libro o incluso darnos el gusto de comernos esa porción de tarta a la que solemos renunciar a diario. Sin embargo, un premio no tiene que ser algo material, sino basta con que sea algo que nos haga sentir bien, ya que de ese modo nos reforzaremos positivamente y nos animaremos a nosotros mismos a seguir adelante, sobre todo si estamos pasando por un momento difícil, en el que nos invaden los pensamientos negativos y notamos que estamos perdiendo la confianza en nosotros mismos.

Reservar una tarde para nosotros mismos, darnos un baño caliente o simplemente conducir unos kilómetros para contemplar, en silencio, un paisaje que nos gusta, escuchar esa ópera que siempre nos ha encantado… simplemente tenemos que pensar en algo que nos gustaría hacer, que normalmente no nos permitimos o no podemos llevarlo a cabo, escoger un día para ello y hacerlo, sabiendo que es un premio a nuestro esfuerzo por lograr nuestra meta, sea cual sea.