No hay peor fracaso que el miedo a la derrota
Lo que nos asusta realmente no es el fracaso sino el miedo al fracaso. Es decir, es en la anticipación de la realidad donde damos entidad a un hecho que incluso aunque no se haya materializado en la realidad ya lo vivimos como tal. De hecho, en muchas ocasiones, como consecuencia de este miedo podemos sentirnos tentados por la evitación, es decir, por la huida de aquello que nos asusta.

Y entonces, ya estamos siendo víctimas del temor mal gestionado que nos lleva a vivir la vida a medias. Existen realidades inevitables en la vida. Una de las más evidentes es que el tiempo pasa muy rápido. Solo tienes que hablar con una persona de ochenta años para que te reafirme en tu percepción de cómo la vida vuela. Pero lo más frustrante de todo es cómo podemos perder gran cantidad de tiempo en fantasmas irracionales que nos roban energía.

El fantasma psicológico del miedo

Y el miedo es el origen de muchos de estos males. Y es cierto que el temor también tiene una función positiva en tanto que te informa de un posible peligro. Sin embargo, hemos naturalizado tanto el temor que ya no se manifiesta siempre ante un estímulo lógico, coherente y concreto. No hay peor fracaso que el miedo a la derrota. No existe peor desamor que el miedo al desamor. No existe más angustia que el miedo a sentir angustia. No se trata de un juego de palabras sino de una realidad observable a nivel psicológico y antropológico en la experiencia íntima y personal que todos tenemos como seres humanos. Una realidad muy acertadamente señalada por Ignacio Larrañaga, autor de libros de espiritualidad y autoayuda

No hay peor fracaso que el miedo a la derrota
El miedo es muy intenso a nivel psicológico, sin embargo, esta intensidad puede llevarnos a la creencia equivocada de que por preocuparnos más, por temer más, estamos siendo más eficaces en la prevención de cualquier peligro. Nada más lejos de la realidad, todo aquello a los que te resistes, persiste. Es decir, todo aquello a lo que temes, cobra fuerza en tu vida, precisamente, porque te estás concentrando en ello.

¿Y cómo dejar de resistir todo aquello que nos duele? Aceptando. No existe otra alternativa de actitud más saludable. Aceptando que, siempre que emprendes un proyecto, existe la posibilidad de la derrota. Aceptando también que cuando te implicas en una nueva relación, existe la posibilidad de que esa historia termine. Aceptando que aunque la soledad no sea nuestro estado preferido, existe la posibilidad de vivirla más de lo que nos gustaría. Cuando aceptamos abrimos puertas de esperanza, no nos ponemos a la defensiva y en tensión porque el miedo, lejos de ser una coraza que nos salva de todas las heridas, nos hace todavía más vulnerables.

No hay peor fracaso que el miedo a la derrota

Todo lo que roba el miedo

El miedo roba sueños, aumenta el escepticismo, suma amargura vital. El miedo es muy negativo cuando se convierte en hábito. Y esto es lo que ocurre con tantos miedos aprendidos. Por suerte, siempre estamos a tiempo de interiorizar nuevas rutinas, de romper con ciertos prejuicios limitantes para espantar todo temor con el sentido del humor.