Objetivos emocionales
Tener objetivos en la vida es indispensable, de hecho, en el momento en que una persona no los tiene, entonces, se queda estancada y quieta desde un punto de vista emocional. Sin duda, también hay momentos de descanso, periodos de transición que tienen que respetarse ya que son necesarios. Sin embargo, el espíritu envejece en la medida en que decae la ilusión por alcanzar nuevas metas y cumplir deseos. Por suerte, existen personas de ochenta años que siguen con inquietud la vida vivida en primera persona.

Los objetivos emocionales pueden ser muchos y muy variados. Aquí tienes algunos ejemplos: mejorar el nivel de autoestima, tener más control ante un enfado, poder soportar la adversidad con fortaleza, aumentar el grado de empatía en las relaciones sociales, tener más amigos, expresar mejor el afecto, ser más generoso con la familia, dar prioridad al ámbito personal por encima del trabajo… Los objetivos emocionales son aquellos que en la medida que los cumples también te hacen sentir mejor contigo mismo.

Para descubrir cuáles son tus metas, tienes que mirar dentro de ti, buscar un espacio para el silencio y la calma. De este modo, ningún agente externo puede alterar tu diálogo interior. Allí, donde está la verdad sobre ti mismo. La escritura también es una herramienta de introspección muy eficaz por ello, puedes escribir en un papel aquellas cosa que son para ti importantes.

Del mismo modo, en conversaciones profundas y sinceras con amigos de confianza, también fluye la verdad sobre uno mismo, sobre el nivel de felicidad y sobre la propia vida. Por otra parte, una vez has cumplido un objetivo que para ti es importante, tienes que celebrarlo, sentirte feliz y premiarte para valorar de verdad aquello que has conseguido. Los objetivos emocionales son invisibles, sin embargo, se sienten de verdad.