Orienta tu memoria hacia la felicidad
La felicidad nace de dentro. Ese mensaje seguro que lo has escuchado en mil ocasiones, sin embargo, está claro que se trata de un mensaje difícil de asimilar cuando a veces buscamos excusas para no hacernos responsables de nuestro destino. La felicidad es un verdadero regalo, el mejor que podrás encontrar en tu vida, siempre que seas valiente, no te conformes y te atrevas a ir más allá de lo evidente.

En la consecución de la felicidad intervienen dos facultades puramente humanas: inteligencia y voluntad. Dentro de la inteligencia, ocupa un lugar destacado la memoria. La memoria se centra en el pasado, en el ayer y en aquello que fue. Por tanto, debes poner tu voluntad al servicio de la memoria para aprender a vivir recordando los buenos momentos y dejando de lado todo aquello que te preocupa en exceso y que te hace sufrir.

El gran problema de muchas personas es que se recrean una y mil veces en el dolor. Otras, por el contrario, viven con la frustración de centrarse en lo que pudo ser y no fue. Perdiendo de vista que incluso el recuerdo se distorsiona con el paso del tiempo y todavía más cuando existen emociones de por medio.

Recuerda aquellos momentos de tu infancia en el pueblo de tus abuelos, recuerda los abrazos de tu madre, recréate en los triunfos profesionales, disfruta de aquellas conversaciones que te han marcado y que te han unido más a un amigo, siéntete afortunado por tener tantos recuerdos en tu corazón que son como la huella de esa vida que acaricia tu alma cada mañana. ¿Qué hacer con los malos recuerdos? Enterrarlos, o al menos, recordarlos tan poco que te sea mucho más fácil ir olvidándolos y sentir, que su sabor amargo ya no te afecta tanto. Potencia el manantial de sabiduría que habita dentro de ti.