Perdonar para seguir adelante
No siempre resulta fácil perdonar el daño que nos hacen los demás, especialmente si estamos muy unidos o confiamos plenamente en la persona que nos lo ha causado. Sin embargo, al ser personas diferentes, con interpretaciones y visiones del mundo diferentes, a veces es inevitable que nos hagan daño, aun cuando no tengan intención de ello.

Inmediatamente después de haber sido dañados, nos decimos a nosotros mismos que nunca perdonaremos a esa persona. Este sentimiento es normal, porque nos sentimos dolidos, heridos, enfadados y llenos de rabia. En este momento es importante que nos demos tiempo para calmarnos, reequilibrarnos y pensar sobre lo ocurrido. No se trata de dejar que nos hagan daño sin más, sino de encontrar el camino para que la situación sea lo menos dolorosa para nosotros.

A veces, aunque el tiempo pase, no logramos calmarnos, sino que nuestra mente se llena con un torbellino de ideas sobre todo el daño que hemos recibido de esa persona, con lo que entramos en un círculo vicioso de pensamientos y recuerdos que nos mantienen dentro de la negatividad, impidiendo dejar atrás el pasado, solucionar lo ocurrido y seguir adelante.

En otros casos, pensamos que perdonar al otro puede volvernos vulnerables a los ojos del otro, permitiendo que nos haga daño cuando quiera. Sin embargo, perdonar no significa que no aprendamos de ocurrido, diseñando estrategias para que no vuelva a suceder y aprendiendo el conocimiento de nosotros mismos que nos ha proporcionado dicha situación.

Perdonar, por tanto, es un acto liberador para nosotros, porque nos va a permitir despegarnos de ese pasado negativo, sanarnos, seguir adelante y, si es posible, mejorar la relación con esa persona. Si, por el contrario, nos sigue dañando en el futuro, quizá tendremos que plantearnos si nos conviene mantener la relación con él o ella, sea cual sea nuestra relación con esa persona.