Perdónate a ti mismo
Para sanarnos a nosotros mismos, liberarnos del dolor y de la rabia, es importante aprender a perdonar a los otros. Cuando les perdonamos, nos liberamos del hecho que nos hizo daño y sanamos por dentro. Pero muchas veces en ese proceso de sanación se nos olvida perdonar a la persona más importante: nosotros mismos.

Para muchas personas este concepto no tiene razón de ser, porque consideran que si han hecho algo que ha dañado a los otros, deben acarrear con la culpa del hecho durante toda la vida para así enmendarlo. Pero esta conducta, en lugar de ayudarnos, a la larga nos irá dañando y haciéndonos sentir más rabiosos con nosotros mismos, es decir odiándonos. Vamos por la vida sintiéndonos casi indignos de ser humanos, recordándonos una y otra vez lo estúpidos que fuimos, minando nuestra autoestima y nuestra autoconfianza, en un proceso que puede terminar afectando a nuestra vida de pareja, familiar y laboral.

Por ello no podemos seguir culpándonos eternamente. Ello no significa que no asumamos la responsabilidad de lo que hicimos y que nos convirtamos en unos sociópatas a los que nos les importa el dolor ajeno. Muy al contrario, perdonarse a uno mismo requiere un proceso de reflexión, de aceptación de las propias debilidades y de nuestra propia responsabilidad así como de intentar reparar el daño que hemos hecho y, en un futuro actuar de una forma que no dañe a los demás.

Perdonarse a uno mismo es necesario porque es parte de quererse y cuidarse a uno mismo. Igual que aceptamos a los demás con sus virtudes y sus debilidades, debemos aprender a hacer lo mismo con nosotros, a comprendernos y a aceptar que no somos perfectos.