Personalidad pasivo-agresiva
Seguramente muchos de nosotros nos hemos topado con un compañero, amigo o incluso familiar que nunca manifiesta expresamente su disconformidad con lo que decimos o hacemos, pero que después muestran resentimiento hacia nosotros, desidia al cumplir sus tareas o incluso fracasan de forma intencionada al realizar determinadas tareas, etc.

Este trastorno se basa en el hecho de que estas personas no son asertivas y tienen miedo a negarse a una petición de los demás. De ahí que, cuando alguien les pide que hagan algo, se sienten molestos, pero no pueden negarse o negociar la exigencia para adaptarla a sus preferencias, con lo que se enfadan y presentan conductas pasivo-agresivas.

Todos nosotros podemos actuar de este modo en un momento dado para evitar un enfrentamiento con alguien. El problema surge cuando esta forma de actuar se convierte en una respuesta habitual a las peticiones de los demás.

Los rasgos de las personas que presentan un comportamiento pasivo-agresivo son, entre otros:
- Olvidos y lapsus frecuentes.

- Culpar a los demás.

- Miedo a la autoridad.

- Ser ineficaz de modo intencionado.

- Miedo a la intimidad.

- Invención de excusas y mentiras para justificar su comportamiento.

- Dejar las cosas para después

Estas personas suelen tener problemas en el entorno laboral, porque nunca dicen no a sus jefes pero después no cumplen con sus obligaciones o lo hacen mal, con lo cual son recriminados por sus superiores, lo que genera en ellos más ira y más miedo hacia la autoridad.

También les supone problemas en el entorno familiar, ya que nunca se niegan a peticiones de sus parejas o familiares, pero luego se enfadan, no cumplen con lo prometido, o inventan excusas para su comportamiento creando desconcierto y desconfianza en quienes conviven con ellos.