Piensa en tus errores y no en los ajenos
Existe un comportamiento relativamente general en el ser humano y es el de pensar antes en los errores ajenos que en los propios. ¿Por qué se adopta esta actitud? Porque es mucho más cómodo poder analizar qué le sucede al vecino sin afrontar las propias carencias y debilidades que todos tenemos. Sin embargo, mientras se vive como espectador, es imposible crecer y mejorar a nivel interior. Por ello, en primer lugar, merece la pena empezar a vivir de una forma más consciente para asumir los propios límites. Y a partir de allí, poder avanzar, vivir y sentir de verdad.

La sinceridad no sólo es una cualidad que se debe tener en las relaciones interpersonales, con la familia, la pareja y los amigos, sino que ante todo, debes ser honesto contigo mismo para sentirte bien cada mañana al empezar el día. Y también, para poder sentirte bien cuando te miras al espejo y ves la imagen de ti reflejada frente a tus ojos. Esa imagen dice más de ti mismo de lo que piensas en realidad.

Por otra parte, cuando se quiere cambiar una situación determinada, incluso, dentro de una relación, es preciso pensar en aquello que se puedes cambiar como protagonista antes que quedar a la espera de la voluntad ajena. Está comprobado que el ser humano es mucho más feliz cuando da, se implica y apuesta que cuando recibe. Claro que es importante recibir pero también es muy gratificante tener la tranquilidad de hacer la vida más agradable a los demás.

Además, conviene encontrar el equilibrio a la hora de analizar los propios defectos. Y es que, las personas muy autocríticas o perfeccionistas al extremo pueden obsesionarse en lo negativo dejando de lado todo su potencial. Ese potencial que todos tenemos dentro de nosotros mismos, por ello, te animo a descubrirlo.