Piromanía, la atracción del fuego
La práctica totalidad de los seres vivos temen al fuego por su capacidad destructiva y porque, ante un incendio, su vida corre peligro. Los seres humanos, ante el fuego, sentimos una mezcla de temor y fascinación. Cuando esta fascinación se vuelve tan intensa que las personas se sienten atraídas por él de una forma compulsiva, hasta el punto de provocar deliberadamente incendios y después observar las consecuencias de los mismos aparece un trastorno que se conoce como piromanía y quien lo padece recibe el nombre de pirómano o piromaníaco.

La piromanía es, como la cleptomanía o la ludopatía, un trastorno del control de impulsos. La persona que lo sufre siente un gran placer y un gran alivio cuando inicia un incendio, lo contempla o incluso participa en su extinción. Esto, que en un principio puede parecer extraño, no lo es tanto si tenemos en cuenta que el individuo siente una mezcla de curiosidad, placer, atracción y relajación por todo lo que rodea al mundo del fuego, como los parques de bomberos o cualquier equipo de extinción de incendios, llegando incluso en muchas ocasiones a formar parte de ellos.

Este trastorno suele iniciarse durante la juventud y se da con mucha mayor frecuencia en varones que en mujeres. Normalmente tienen un cociente intelectual inferior a la media, así como grandes dificultades para relacionarse con los demás, lo que les lleva frecuentemente a ser personas solitarias.

Los síntomas que suelen acompañar a este trastornos son un deseo irrefrenable de iniciar un incendio y de observar lo que sucede mientras este se desarrolla.

El tratamiento no suele ser muy efectivo, porque la dolencia se agrava con la edad y los pacientes no están interesados en curarse. Es necesario una psicoterapia especial para tratarlos y que estén sometidos a vigilancia constante, ya que no suelen tomarse la medicación recetada por el especialista.