Poner freno al inconformismo
Por tendencia natural, el inconformismo podría crecer hasta el infinito cuando una persona no adopta la actitud adecuada ante la vida. Tan peligroso es ser un conformista absoluto como tener una rebeldía constante ante los acontecimientos. Sin duda, merece la pena poner freno al inconformismo, en primer lugar, aprendiendo a valorar aquello que ya tienes y que posees.

Cada vez que te sorprendas a ti mismo con un pensamiento negativo, cámbialo por uno contrario que sea positivo. Elabora una lista de cosas que tienes y de las que te sientes afortunado. Escribe cada palabra en un folio y guárdalo en un lugar que sea muy especial para ti. Podrás volver a recordarlo siempre que lo necesites, y en ese caso, este folio te servirá para recuperar la perspectiva sobre tu propia vida.

Deja de vivir pegado a la queja. La queja es la gran aliada del inconformismo. Es mucho mejor invertir esa energía en iniciativas, creatividad y cambios. ¿Cuál es el peligro principal del inconformismo? Que desde esta óptica, nunca nada es suficiente. Las cosas siempre podrían ser mejor. De este modo, causa insatisfacción crónica y sufrimiento.

Aprende a disfrutar el día a día valorando los más pequeños detalles y también, los más importantes. Entre ellos, la salud. Tu bienestar físico y emocional es un regalo inmenso que no tiene precio. Un regalo que está por encima de un desamor o heridas de otro tipo. Por supuesto, existen diferentes grados de inconformismo, por tanto, cada persona debe de valorar su situación interior.

¿Qué emociones produce el inconformismo? Tristeza porque las cosas no son como uno querría, sensación de malestar, enfado, frustración, dolor, rabia… Valora la vida desde este instante sin compararte con nadie más. En ocasiones, existen personas que no viven su vida desde sí mismas sino desde la óptica relacional.