¿Por qué algunas personas nos resultan tan antipáticas?
Cuando conocemos a un grupo nuevo de personas, inmediatamente, en apenas una fracción de segundo, algunas de ellas nos resultan simpáticas y nos caen bien, mientras que otras, inmediatamente, nos resultan antipáticas. Lo mismo puede sucedernos con quien se sienta a nuestro lado en el metro o quien nos atiende en un café. ¿Por qué se produce este sentimiento de antipatía inmediato?

Este hecho se debe a que, cuando conocemos a una persona, nuestro cerebro, automáticamente, busca en nuestra memoria experiencias anteriores (otras ocasiones en las que hemos conocido gente) para así tener un patrón de conducta ante esta nueva persona, de modo que sepamos actuar con más seguridad y certeza en la situación en la que nos encontramos. A lo largo de nuestra vida hemos conocido a multitud de personas y todas esas experiencias están guardadas en nuestra memoria.

Esta memoria está constituida tanto por recuerdos conscientes como por recuerdos que ha procesado nuestro inconsciente, y por ello permanecen ocultos para nosotros, principalmente en lo que respecta al lenguaje no verbal de la persona, como las inflexiones de su voz, su sonrisa, como camina, los gestos que hace, ciertos rasgos físicos y un sinfín más de detalles que han quedado memorizados.

Cuando nos presentan a alguien, nuestro cerebro acude a esos bancos de memoria, tanto a los recuerdos de la parte consciente como de la inconsciente, pasando por todos los datos almacenados. Si la persona tiene algún rasgo o gesto similar al de alguien que en nuestro pasado nos resultó antipático, la catalogaremos como tal, porque hacemos una deducción inmediata según la cual a mismos gestos, mismos carácter. Esto es lo que también hace que otras personas automáticamente nos caigan bien.

Por ello, aunque es importante la primera impresión que nos causa una persona, no deberemos dejarnos llevar por ella, sino esperar a conocerla un poco más, para evitar que nuestras relaciones se guíen por perjuicios.