¿Por qué dejamos las cosas a medias?
Seguramente muchas veces te has visto en una situación parecida: comienzas una actividad o un proyecto con toda la ilusión, poniendo en él toda tu energía, tu tiempo y tus recursos, sobre todo si ya lo habías intentado antes. Estamos convencidos de que sí de que esta vez lo vamos a lograr y de que esta vez será la buena y lo conseguiremos.

Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, nos vamos desinflando, encontrando excusas para no ponernos a realizar el proyecto, diciéndonos a nosotros mismos que no era tan importante y poniéndonos a otras tareas de forma que, al cabo de un tiempo, el proyecto se queda a medias, inconcluso, y pasa a formar parte de esa caja en la que guardamos todos los proyectos que hemos ido dejando a medias a lo largo de nuestra vida, caja que en muchos casos está casi repleta.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué algo que era esencial para nosotros deja de serlo?

Una de las causas suele ser el no ser capaz o no saber mantener la propia motivación, olvidándonos de las razones que hacían ese proyecto vital para nosotros. En ese caso, deberemos reediseñar el plan de actuación y ponernos manos a la obra de nuevo con metas más realistas y a corto plazo que nos motiven.

Otras veces es el miedo al fracaso el que nos detiene. Pasado el impulso inicial, el fantasma de no lograrlo se hace más grande, y acaba por invadir nuestro cerebro completamente. Centrarnos en el proceso sin pensar en el resultado, teniendo en cuenta que, aunque no sea a la primera lo lograremos.

Finalmente también puede ser el miedo al éxito el que nos detenga. En estos casos, en el fondo, no nos sentimos merecedores del éxito, por lo que inconscientemente nos autosaboteamos, lo que nos lleva a dejar el proceso a medias.