¿Por qué el tiempo pasa más deprisa a medida que envejecemos?
Cuando somos pequeños, los días nos parecen interminables, como si no tuviéramos ningún límite de tiempo para hacer nada. Según crecemos, esta percepción cambia, y nos da la impresión de que el tiempo comienza a pasar más deprisa. Cuando llegamos a la madurez, realmente nos parece que los días vuelan, que cuando nos queremos dar cuenta han pasado días, semanas, que de nuevo estamos en Navidad, vacaciones o Semana Santa y casi no hemos tenido tiempo de enterarnos. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es tan solo una sensación o realmente el tiempo pasa más deprisa a medida que nos hacemos mayores?

Según los psicólogos, nuestra percepción subjetiva del paso del tiempo cambia porque, cuando somos pequeños, nuestra vida está llena de cosas que experimentamos por primera vez: la primera vez que caminamos, que vamos al zoo, al cine, al colegio, etc. y así un sin fin de momentos que resultan novedosos para nosotros.

Cada día está lleno de descubrimientos, y lo mismo ocurre en la adolescencia y en la juventud, cuando tenemos la primera cita, nos casamos, tenemos el primer hijo o nos incorporamos al mundo laboral por primera vez. Esta continua experimentación hace que estemos más concentrados en lo que nos ocurre, y por ello parece que el tiempo se detuviera o pasara más lentamente, porque somos menos conscientes de él.

Esto nos ocurre también, por ejemplo, cuando nos vamos de vacaciones. Los dos primeros días nos parecen eternos, como si las vacaciones no se fueran a terminar nunca y, cuando queremos darnos cuenta, estamos haciendo de nuevo las maletas, cuando la novedad se ha vuelto cotidiana.

Por ello, si queremos detener el tiempo, nada mejor que vivir nuevas experiencias. De ese modo volveremos a percibir el tiempo igual que lo hacíamos cuando éramos pequeños y disfrutábamos de todo lo que ocurría a nuestro alrededor.