¿Por qué mentimos?
Cuando somos pequeños nuestros padres insisten en que mentir no está bien y que debemos decir la verdad, y la sinceridad se considera como un valor esencial de cara a las relaciones sociales. Pero, aún así, la realidad es que todos, en mayor o menor medida, mentimos. ¿Qué es lo que nos lleva a ese comportamiento?

En primer lugar el hecho de que es casi imposible vivir sin mentir. La mentira muchas veces es necesaria tanto para desenvolvernos en sociedad como en las relaciones de pareja o familiares, aunque en este caso se trata siempre de la mentir piadosa, que es la que decimos para evitarle un disgusto a alguien o para complacerle.

En segundo lugar podemos afirmar que la mentira es algo casi inherente al ser humano, ya que en el caso de los niños la mentira forma parte de su desarrollo. Normalmente es a los 3 ó 4 años cuando los niños empiezan a decir mentiras, normalmente para divertirse o para ver si sus padres descubren la mentira. Ya a partir de los 7 años el niño toma conciencia de que muchas veces los adultos dicen una cosa y hacen otra, por lo que integra ese comportamiento como habitual. Es normal también que a esta edad los niños mientan para evitar un castigo o una reprimenda, sobre todo si viven en un ambiente familiar muy estricto.

El problema con la mentira aparece cuando la convertimos en nuestro modo de vida y prácticamente mentimos a todo el mundo, sin preocuparnos del efecto que ello causa en los demás y utilizamos la mentira de un modo manipulador para obtener lo que queremos, llegando al punto de que ni siquiera nosotros sabemos cuál es la verdad. Es en este momento cuando debemos acudir a un especialista, pues esta conducta puede derivar en un trastorno conocido como mitomanía.