Por qué negamos nuestros problemas
Cuando no podemos enfrentarnos a un determinado problema o conflicto, la mente, para protegernos, pone en marcha una serie de mecanismos de defensa que van a lograr que dichos conflictos no interfieran en nuestra vida diaria y podamos continuar como si no existieran. Uno de estos mecanismos de defensa es la negación, que consiste en no enfrentarse a ellos bien negando la existencia de los mismos o los sentimientos que le provocan al sujeto.

El alcohólico que dice que sólo se toma una copa de vez en cuando y tiene botellas de alcohol escondidas por toda la casa o el obeso que niega comer en demasía tras haberse atracado de comida no son el resultado de un ejercicio de cinismo, sino de la puesta en marcha de este mecanismo de la negación. El sujeto niega la existencia del problema, hasta tal punto que en su mente lo hace desaparecer y se cree los argumentos que expone para apoyar su coartada de que “no tiene ningún problema”.

Pero la negación no sólo afecta al conflicto en sí mismo, sino a los sentimientos que produce en el sujeto, como la baja autoestima, el sentimiento de culpa, el odio hacia sí mismo o la frustración por liberarse de esa conducta sin conseguirlo. Sin embargo, la negación hará que los sujetos nunca se paren ante estos sentimientos, sino que se limiten a decirse a sí mismos que no les importa y a seguir adelante.

La única forma de superar este mecanismo es revistar los sentimientos, tomar conciencia de ellos, aunque se sufra en el proceso y determinar si realmente nos importa o no. Si somos capaces de hacer aflorar los sentimientos, la negación desaparecerá.