¿Por qué queremos cambiar a los demás?
Hay personas que saben aceptar a los demás tal y como son, con sus virtudes y sus defectos, sin intentar cambiarlos. Otras, por el contrario, parecen no estar contentas nunca con la forma de ser de los demás. Sus hijos, sus amigos y sobre todo sus parejas se ven sometidas todos los días a un bombardeo de peticiones, sugerencias e incluso amenazas para lograr que cambien su comportamiento. ¿Qué es lo que lleva a estas personas a querer cambiar al otro?

Muchas veces esto está provocado porque el otro es el reflejo de las cosas que no nos gustan de nosotros mismos, y como no somos capaces de cambiarlas en nosotros pretendemos hacer que las cambien los demás, para así no tener que enfrentarnos a ellas.

Otras veces lo que nos impulsa a querer cambiar a los demás es la necesidad de controlar al otro, una necesidad dada por la propia inseguridad.

Sin embargo, esta necesidad de cambiar al otro suele ser agotadora y desemboca siempre en la frustración.

Nosotros nos frustramos porque la otra persona no cambia y el otro se siente frustrado porque no puede ser como es, lo que, a la larga, termina con la relación ya sea de pareja o de amistad.

¿Qué hacer entonces? Tener la madurez suficiente de aceptar que cada persona tiene su forma de ser.

Todos tenemos defectos, manías y costumbres que pueden desesperar al otro, y la mejor forma de sobrellevarlo es ser tolerante o, entre los dos, encontrar un camino intermedio que evite que la manía o la costumbre se haga insoportable, a través de un compromiso de los dos, ya sea nuestro mejor amigo o pareja. De ese modo, los defectos serán una oportunidad de crecer como personas y no una causa de ruptura.