¿Por qué repetimos lo que nos hace daño?
SI observamos cualquier animal, nos daremos cuenta de que, una vez que ha experimentado algo que resulta dañino para él, evita a toda costa volver a repetirlo para evitar resultar dañado de nuevo.
Curiosamente, los seres humanos, aunque también contamos con un instinto de supervivencia que teóricamente nos impulsa a evitar lo que nos hace daño, en lugar de imitar a los animales y evitarlo, repetimos una y otra vez dicha conducta o acto aun sabiendo que resulta dañino para nosotros.

Esto es especialmente notorio en las relaciones de pareja, sobre todo en el caso de las mujeres. Rompen una relación porque estaban sufriendo y su pareja les hacía daño y, al poco, inician otra relación de pareja con alguien que posee características muy similares al anterior, y, al poco, se encuentra de nuevo sufriendo y tiene que poner fin a la relación.

Todos, en mayor o menor medida, cumplimos este patrón, involucrándonos en relaciones y situaciones similares a aquellas de las que he hemos huido anteriormente porque nos hacían sufrir, como si ejercieran una atracción sobre nosotros contra la que no podemos luchar o repitiendo conductas que nos dañan, como comer, beber o jugar en exceso.

Según Freud, esto se debe a que los humanos tenemos una compulsión de repetición, que nos lleva a repetir conductas que nos generan angustia. Esta compulsión está generada por situaciones traumáticas que hemos vivido en el pasado, generalmente en la infancia, que nos han marcado sin nosotros ser conscientes de ello. En el fondo, esta repetición es un intento de solucionar dichas situaciones.

Cortar este patrón de repetición no es sencillo, porque no somos conscientes de él e incluso lo negamos cuando los demás. Por ello, habitualmente, para cambiarlos es necesaria la ayuda de un profesional que haga conscientes dichos comportamientos y nos proporcione herramientas para evitarlos.