¿Por qué creemos en las supersticiones?
Aunque la mayoría de nosotros afirmamos que hacerlo no tiene base racional, quien más y quien menos tiene su amuleto de la buena suerte con el fin de que le proteja contra los embates de la vida. Hay quienes nunca pasarían debajo de una escalera o están seguros de que en los martes y trece no se debe realizar ningún acto arriesgado o importante en esa fecha. Y otros no dudan en echarse la sal sobre el hombro izquierdo cuando se les derrama. Seguramente pocos sabemos el porqué de tales acciones, pero todos las repetimos porque compartimos la idea de que, de no hacerlo, nos ocurrirá algo malo.

Las supersticiones han existido siempre, pero resulta chocante que se mantengan en un mundo tan tecnológicamente avanzado como el nuestro, donde la ciencia ha encontrado prácticamente explicación para todos los hechos que hasta ahora eran vividos como mágicos y misteriosos. ¿Cuál es la razón de ello?

Sin duda, la causa principal gira en torno a la necesidad de control. La idea de que estamos sometidos a un destino caprichoso que en cualquier momento puede dar un golpe de timón a nuestra vida resulta, para los seres humanos, cuando menos, apabullante, y las supersticiones nos dan idea de control, en el sentido de que si hacemos esto, las cosas nos irán bien, pero si no lo hacemos, nos ocurrirá una desgracia. De ese sentimos que, en cierto modo, controlamos nuestro destino.

Por otra parte, el ser humano, como ser racional, tiene tendencia a buscar una explicación para cada hecho, estableciendo relaciones causa-efecto entre el comportamiento y el resultado. Cuando la respuesta escapa a nuestra comprensión, tendemos a buscar la explicación en una tradición que, tras pasar de generación en generación, se ha grabado de forma indeleble en el inconsciente colectivo.