Por qué tenemos manías
Todos tenemos manías, costumbres que no podemos evitar y que, no sabemos por qué, si no las realizamos no nos sentimos tranquilos. Algunas personas deben asegurarse de que han cerrado bien la puerta de la casa, otras necesitan que los cuadros estén rectos o que los libros estén ordenados de determinada manera. Dado que en el fondo las manías tienen un componente liberador de la ansiedad, suelen darse en personas con tendencia a ser obsesivas.

También existen otro tipo de manías que podemos heredar de nuestra familia, costumbres que repetimos sin darnos cuenta pero que nos proporcionan seguridad. Lo que sí es cierto es que prácticamente todos, en mayor o menor medida, tenemos alguna o varias manías que nos acompañan en nuestra vida diaria.

Las manías en principio no suponen ningún problema, muy al contrario, suelen ser gestos que rebajan nuestro nivel de ansiedad en determinadas situaciones. Sólo deberemos plantearlos el acudir a un especialista cuando nos veamos obligados a realizar dichos comportamientos de forma imperiosa, y si, al no hacerlo, notamos que nuestro nivel de ansiedad aumenta en gran medida.

A veces también se identifican tics y manías, cuando son dos conceptos totalmente distintos, ya que los tics son movimientos involuntarios y/o repetitivos que realizamos en momento de gran ansiedad, mientras que las manías son actos que también realizamos cuando estamos cansados. Por otra parte, un tic tiene un componente esencialmente físico, mientras que las manías son principalmente psicológicas.

Las manías las podemos observar también muy frecuentemente en niños, normalmente porque se las hemos inculcado o mientras están aprendiendo conductas que les serán útiles más adelante, como aquellas relacionadas con la higiene. Las manías más comunes en los niños son caminar sin pisar las rayas o lavarse las manos con frecuencia.