Psicología humana: la persona no es un objeto
Desde un punto de vista filosófico, el ser humano tiene una grandeza ilimitada en tanto que tiene inteligencia y también voluntad. Es decir, puede conocer la realidad y profundizar en nuevos matices. También tiene capacidad de amar y de elegir aquello que de verdad desea. Pues bien, la libertad es una de las cualidades más positivas del ser humano. En definitiva, la realidad de la persona contrasta con la realidad de un objeto material que sirve para algo, es decir, tiene una función en concreto. Por el contrario, cada persona es única e irrepetible, en definitiva, no puede ser sutituida por otra. Así sucede cuando muere un ser querido: sientes un vacío que no puede ser llenado por nada.

Sin embargo, también existen situaciones en las que una persona puede ser denigrada y tratada como un objeto. Así sucede, por ejemplo, en la amistad basada en la utilidad o en el interés como explica Tomás de Aquino. Por el contrario, en la amistad verdadera, deseas el bien de la otra persona y te alegras por sus éxitos y te entristeces por aquello que le hace sufrir.

Detrás de la manipulación también existe otra forma de tratar a una persona como si fuese una cosa. Del mismo modo, también existe un trato inadecuado detrás de los malos tratos, de la humillaciones o de los insultos… A veces, existen situaciones en las que no damos el valor necesario a la persona. Por ejemplo, cuando pasamos por la puerta de una iglesia y vemos a alguien que está pidiendo limosna, sin embargo, ni siquiera bajamos la mirada para pensar en qué puede estar sintiendo esa persona en esa situación en concreto.

La indiferencia, en ciertos momentos, puede ser muy dura y también difícil. Por ello, nada mejor que aprender a tratar al ser humano como humano en base a su dignidad siempre y en cualquier circunstancia.