No puedes cambiar a tu pareja pero puedes cambiar tú
Uno de los mayores focos de sufrimiento a nivel humano surge cuando una persona vive con la frustración de querer cambiar a alguien que no se ajusta a sus expectativas. Con frecuencia, este deseo de cambio tiene como objeto a una persona cercana con la que se tiene un vínculo emocional fuerte. Por ejemplo, la pareja, un amigo próximo o un familiar cercano. Puedes recordar una premisa de higiene mental básica en tu día a día: “No puedes cambiar a otra persona pero sí puedes cambiar tú”.

El simple gesto de centrar tu atención y tu energía en aquel ámbito que cae bajo tu campo de actuación te permite vivir mejor y de una forma más consciente que cuando aspiras a que otra persona cambie. Nadie cambia si no quiere hacerlo por sí misma pero además, el amor implica querer al otro tal y como es. ¿Cómo cambiarte a ti mismo?

Aprende de aquello que no te gusta en los demás

Esas actitudes que no te gusta ver en los demás son un buen ejemplo práctico que a modo de lección puede enseñarte a no hacer ciertas cosas tú en primera persona. Es curioso que en ocasiones, nos desagrada una acción en otra persona porque de forma inconsciente, nos recuerda algo de nosotros mismos como si se trata de un espejo en el que vemos nuestro propio reflejo.

No puedes cambiar a tu pareja pero puedes cambiar tú

Las imperfecciones forman parte de lo humano

El exceso de perfeccionismo es agotador porque además, las imperfecciones forman parte de lo humano. Uno de los cambios más efectivos en la percepción de la realidad misma cuando algo no se ajusta a tus expectativas es que pongas tu atención en lo positivo y dejes en un segundo plano todo lo negativo. Valora tu realidad antes de echarla de menos por haberla perdido.