Puntos positivos de las decepciones de la vida
Sería imposible encontrar a un ser humano en el mundo que no haya tenido que hacer frente, al menos, a una decepción importante. En realidad, suelen ser más los sufrimientos que acumula cualquier hombre en su corazón como consecuencia de los deseos no realizados y de las metas no alcanzadas. Por ello, ya que el dolor forma parte de la vida, al menos, esforcémonos por realizar una lectura humanista de los hechos, para poder obtener algo constructivo, a modo de sabiduría práctica, de todos esos momentos que tal vez, te hubiese gustado no protagonizar.

En primer lugar, al compás de cada decepción vas descubriendo tu propia fortaleza. Es decir, tu capacidad para sobrevivir al dolor y también, para reinventarte después de una herida. Además, conforme mayor te haces, tienes el poder de darte valor a ti mismo, cuidas mejor de ti, sencillamente, porque has comprobado que hay amistades que se vienen abajo en el momento más inesperado, amores que no son eternos y finales que no tienen marcha atrás. En cambio, la única relación eterna es la que mantienes con tu propio yo.

Las decepciones también te hacen ser más prudente. En la adolescencia, por el contrario, no es tan fácil ver los peligros emocionales. Por ello, los padres siguen siendo los grandes protectores de sus hijos. Merece la pena aprender a vivir con la sensación de plenitud que te aporta una existencia serena en donde una decepción analizada en su contexto justo, adquiere un sentido luminoso. Muchas veces, existen personas que gracias a un fracaso, tuvieron la capacidad de empezar a vivir de una forma diferente.

En la vida lo dramático no es haber tenido decepciones, sino aspirar a no haberlas tenido porque eso sería como tener una visión incoherente de la vida. Al compás de una vida idílica, la voluntad humana sería como una niña mimada.