Puntos positivos y negativos de ser exigente contigo mismo
Todo en la vida tiene una doble cara, al menos, cuando hablamos de ciertos rasgos del carácter conviene matizar. Por ejemplo, algunas personas son demasiado exigentes consigo mismas. Algunas de estas personas incluso, camuflan esta exigencia desmedida con un supuesto espíritu perfeccionista que lejos de ser adecuado, te impide relajarte y disfrutar de tus logros y de todo aquello que vas consiguiendo en este camino tan fascinante llamado vida.

Ser exigente con uno mismo es positivo por varias razones: muestras que eres una persona madura, responsable y consciente de que puedes superarte a ti misma. El problema surge cuando intentas tensar la cuerda hasta el extremo de hacerte daño a ti mismo.

Los puntos negativos de ser exigente contigo mismo son, que seguramente, también te conviertes en una persona firme con los demás. Cuando esta exigencia es desmedida, corres el riesgo de que muchas personas se alejen de ti o tú corres el riesgo de ver a muchas personas como poco valiosas. En vez de ver sus virtudes te fijas en sus defectos. En el ámbito laboral, lo cierto es que muchos jefes contratarían a un empleado que fuese exigente consigo mismo ya que esta cualidad también te aporta independencia y un criterio adecuado de la profesionalidad.

Pero también te puedes llegar a culpar en muchos momentos cuando cometes un error determinado. Un error que podría haber cometido cualquier persona y al que, sin embargo, le das un significado desmedido ya que este tipo de personas suelen medir su propio valor interno en base a su rendimiento profesional y a su productividad. De este modo, siempre tienen la necesidad de estar demostrando cuánto valen y nunca, jamás, se relajan.