Qué hacer tras una decepción
Ojalá alguna preguntas tuvieran una única respuesta para poder determinar qué es lo adecuado y qué es lo inadecuado. Pero cuando hablamos de asuntos humanos nos topamos frente a frente con el gran regalo de la libertad. La decepción es esa sensación amarga que seguro que has sentido en algún momento de tu vida cuando te encontraste con una persona que no supo ver tu valor ni tratarte de forma adecuada.

Cuando eso sucedió, sentiste la necesidad de alejarte por tu propio bien ya que además, la ira y la rabia son emociones que nos ayudan a protegernos del dolor. Tomás de Aquino define la ira como la tristeza que también implica un deseo de venganza. ¿Acaso no sentiste tristeza tras la decepción de un amigo al que querías y sigues queriendo? Seguro que sí.

Pero la vida avanza, las emociones cambian y un buen día, ni siquiera saber por qué, esa sensación de decepción ya no te afecta del mismo modo, tal vez incluso, llegues a sentir compasión por la persona que te hizo daño. Y en alguna parte de tu mente, te gustaría que las cosas fuesen diferentes, te gustaría poder recuperar el vínculo de amistad compartido con el otro. ¿Es eso posible?

La realidad es que creo que una relación puede mejorar tras sufrir un golpe importante, pero también sé, que mientras tal vez, eres tú quien sufrió el daño y también, quien ahora tiene la dignidad de valorar nuevamente al otro, tal vez la otra persona no mueve un dedo por darte las gracias o por decirte que te echa de menos. Todo esto explicado en un contexto de amistad, no de amor, porque creo que una decepción sentimental implica muchos más matices. ¿Merece la pena llamar por teléfono a una persona que es incapaz de dar el paso? ¿Merece la pena valorar a alguien que sólo se centra en sí mismo y en ver su propia luz?