Qué no debemos hacer cuando estamos tristes, nerviosos o enfadados
Por muy reflexivos y metódicos que seamos, cuando estamos deprimidos, ansiosos o enfadados todos solemos hacer cosas impulsivas de las que luego nos arrepentimos, cosas que, si nos hubiéramos parado un momento a reflexionar, no las hubiéramos hecho.

Esto se debe a que, en esos momentos, no podemos pensar con claridad, y todos los pensamientos que nos llegan están impregnados por esa emoción que nos invade. Si estamos deprimidos, veremos que nada de lo que hemos intentado hasta ahora ha dado sus frutos, y seguramente lo tiraremos todo por la borda sin pararnos a pensar en ello. Si estamos nerviosos o frustrados, seguramente decidiremos volcar toda nuestra frustración sobre quien la ha provocado, o sobre quien no tiene la culpa… y así podemos incluir todo aquello que hacemos sin pensar.

Pero cuando la emoción desaparece, normalmente lo que deseamos es volver a ese punto en el que la emoción nos atrapó para hacer las cosas de diferente manera.

Para que esto no nos ocurra, lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta de que empezamos a sentirnos deprimidos, enfadados o nerviosos. Una vez que nos demos cuenta de ello, asumiremos que no es el momento de tomar grandes decisiones o de realizar actos impulsivos (despedirnos del trabajo, romper con nuestra pareja, hacer una inversión arriesgada, etc.) De ese modo, dejaremos que los pensamientos fluyan, sin cortarlos.

El siguiente paso es escribir todo aquello que se nos ocurre hacer mientras nos sentimos así. Las escribiremos tal y como lo haríamos, anotando, si podemos, las razones que tenemos para ello. De este modo, cuando estemos más calmados o animados podremos revisarlas.

Finalmente, haz una lista de todo aquello que podemos hacer para evitar seguir nuestros impulsos, como respirar, contar hasta cien, parar nuestros pensamientos o cualquier otra que nos resulte útil.