Reconcíliate con tu cuerpo
Pocas personas son capaces de mirarse al espejo sin criticar algo de su aspecto. Normalmente, cuando vemos nuestra imagen reflejada, nos centramos en todas esas partes de nuestro cuerpo o de nuestra cara que no nos gustan, que nos avergüenzan o que nos acomplejan. En algunas personas este sentimiento de rechazo hacia su cuerpo es tan intenso que llegan al punto de no querer verse nunca reflejados en un espejo, porque no soportan verse a sí mismos, transformando ese rechazo en un odio intenso hacia su cuerpo.

Esta conducta se da sobre todo en personas que sufren obesidad, pero también en aquellas que nunca se ven suficientemente delgadas, guapas o lo bastante musculados. Y atacan ese cuerpo al que odian ingiriendo grandes cantidades de comida, matándose de hambre o realizando interminables sesiones de ejercicios.

Tendemos a considerar el cuerpo como algo ajeno a nosotros, un revestimiento que nos sirve tan sólo como un soporte físico para desenvolvernos en el mundo, y nos olvidamos de que la forma en la que vemos nuestro cuerpo y la manera en la que lo tratamos, son un reflejo de cómo nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos.

Si odiamos nuestro cuerpo, nos odiamos a nosotros mismos, lo cual influye negativamente en nuestra autoestima y nuestra autonfianza. Para querernos de verdad, íntegramente, es necesario que nos reconciliemos con nuestro cuerpo, que lo aceptemos y que, aunque haya cosas de él que no nos gusten, lo cuidemos.

Un paso para lograrlo es contemplarnos ante el espejo y observarnos, deteniendo todo pensamiento de crítica hacia nosotros, comprendiendo que nuestro cuerpo forma parte de lo que somos. Esto nos va a permitir cambiar de él lo que no nos gusta o nos hace sufrir, porque al aceptar que nuestro cuerpo forma parte de nosotros, recuperamos el poder para cambiarlo.