Regalar felicidad a los demás
Existe un regalo tan cotidiano pero tan importante al mismo tiempo como es regalar felicidad a la vida de los demás. Y en la mayoría de las ocasiones, la espectacularidad de dichas acciones muestra la sencillez de la rutina bajo una luz distinta. Existen momentos en los que el cariño de la familia y de los amigos es terapéutico. Por ejemplo, una visita para un enfermo se convierte en una terapia anímica, en una medicina de cariño que es esencial para nutrir el alma de esperanza.

Los pequeños milagros del día a día

Pero además, esos gestos de cariño en los demás también nos ayudan a potenciar el valor más importante: vivir el presente. Mientras que existen ciertas características que pueden cambiar en función de las cualidades personales, el carpe diem es una máxima universal más allá de la edad. Regalar felicidad a los demás implica trascender los límites de la propia individualidad para reconocerte en el otro.

Todos necesitamos testigos de vida, compañeros de viaje. No importa el número de personas sino la calidad de las relaciones. Desde el punto de vista de la resiliencia, tener a una persona a la que quieres de una forma incondicional y que te quiere del mismo modo, puede ser suficiente para reforzar la superación personal y el optimismo.

Regalar felicidad a los demás
Tu autoestima también se alimenta

Aportar felicidad a la vida de los demás implica dar sentido a las pequeñas acciones porque todo gran cambio no está determinado solo por una elección concreta sino por la suma de muchas pequeñas acciones convertidas en hábito. Durante la próxima Navidad y siempre, regala felicidad a la vida de los demás. Hacerlo es todo un ejercicio de autoestima para uno mismo porque incluso cuando nos sentimos invisibles podemos darnos cuenta de que somos realmente importantes para alguien.