Relaciones destructivas
Una relación destructiva es aquella que conlleva un perjuicio tanto físico como emocional para ambos miembros de la misma o para la parte más vulnerable. Este tipo de relaciones pueden darse tanto entre los miembros de una pareja como entre padres e hijos, hermanos, amigos y cualquier otro tipo de relación en la exista un vínculo emocional entre las personas que la componen.

Aunque normalmente pensamos en maltrato físico cuando pensamos en este tipo de relaciones, puede que no exista tal y sí se de maltrato psicológico, lo que a la larga resulta mucho más devastador para la persona.

Las personas que entran en este tipo de relaciones suelen sufrir lo que se denomina “el síndrome del salvador”. En estos casos la persona siente que su misión en la vida es ayudar a la persona a que supere su problema, olvidándose de sí misma y del daño que la situación le causa.

Esto no significa que si nuestra pareja o un familiar tiene un problema no le ayudemos para no caer en una relación destructiva. La diferencia entre una relación sana y una relación destructiva es que en la primera la persona sirve de apoyo y ayuda a la otra a salir adelante, pero sin sacrificarse a sí misma, sino poniendo límites a dicha ayuda. En el segundo caso la persona no lo hace, razón por la que el problema puede arrastrar a ambos.

También suelen caer en estas relaciones las personas que tienen muy baja autoestima, y en el fondo tienen miedo de que la persona que les maltrata les abandone, porque creen que nadie más los querrá.

Igualmente se da entre padres e hijos cuando los primeros son autoritarios y manipulan a sus hijos para que hagan las cosas como ellos creen que deben hacerse, inculcando en el niño el miedo a no ser amado si no hace lo correcto.