Renunciar a los deseos internos, por amor
El amor se muestra de formas muy variadas, y la verdad es que el mundo, sería una auténtica catástrofe sin el amor. El cariño, la misericordia, la paciencia, la pasión, el instinto maternal, el compañerismo… Son formas diferentes de un amor que implica un respeto hacia el otro. Pero el amor, también tiene mucho que ver con los deseos internos y con la renuncia, es decir, a pesar de que en la vida, es importante que intentes llevar a cabo los deseos de tu corazón, también es verdad que renunciar a ellos, por anteponer el bien de otra persona, es un gesto que te ennoblece como persona.

Por ejemplo, aquellos hijos que cuidan de sus padres ancianos, renuncian a muchos de sus deseos por atender con cariño a quienes le dieron la vida. Más que una renuncia eso es posponer objetivos para el futuro para dar prioridad a lo urgente. Este aprendizaje, en la vida, es muy importante y te enseña a dar el valor necesario a cada cosa.

Renunciar a los deseos internos, por amor

El amor hacia los demás

El amor hacia los demás, marca tu vida de una forma inevitable. Vivir con indiferencia hacia el resto del mundo sería vivir como un vegetal que ni siente ni padece. Por ello, conviene encontrar el equilibrio entre uno mismo y los demás, pero especialmente, también conviene analizar el momento desde una perspectiva general. Existen etapas de la vida, en las que podrás dar prioridad a tus deseos, mientras que en otras etapas, tendrás que aprender a ceder para entender que hay algo más importante que requiere de tu atención y de tu cariño.

Deseos a los que cuesta renunciar

Existen deseos a los que cuesta mucho renunciar, por ejemplo, todo aquello que es un límite para la libertad individual y para la disponibilidad de tiempo se hace cuesta arriba. Está claro que detrás de la renuncia existe un aprendizaje previo, cuando descubres que renunciar a ciertas cosas, te compensa.